El desplome del riesgo país y la meta del Gobierno

El riesgo país de Argentina tuvo una caída notable del 11,9% este jueves, marcando su cifra más baja en ocho años, cerrando en 443 puntos básicos. Este indicador es clave tanto para el Gobierno como para los mercados, ya que se espera que esta baja facilite un recorte en los costos de financiamiento antes de que Argentina vuelva a acceder a los mercados internacionales de deuda.

La causa de esta importante reducción fue el anuncio de Standard & Poor’s de una mejora en la calificación crediticia del país, subiéndola de CCC+ a B-. Esta movida generó una reacción positiva inmediata en el mercado, demostrando un optimismo generalizado que se reflejó en el aumento de los bonos soberanos.

S&P explicó que esta calificación estable se basa en la expectativa de que el Gobierno mantenga el ajuste fiscal y que el Banco Central trabaje en aumentar sus reservas internacionales, lo que contribuiría al crecimiento económico y a la reducción de la inflación. Según la calificadora, la economía muestra menor vulnerabilidad y una mejora gradual en la liquidez externa.

Cuando una agencia de calificación mejora la nota de un país, significa que los inversores creen que ese Estado tiene una mayor capacidad y voluntad para pagar sus deudas. Esto, a su vez, genera mayor demanda por los bonos del país, haciendo que sus precios aumenten y el riesgo país disminuya.

Un dato interesante es que a principios de mayo, Fitch Ratings también elevó su calificación para Argentina. Así, dos de las tres principales agencias han mejorado su visión sobre la deuda argentina en un corto período, amplificando el efecto positivo en los mercados.

El riesgo país y los objetivos del Gobierno

La reducción en el riesgo país puede traducirse en un costo de financiamiento más bajo para el país, en caso de que Argentina decida regresar a los mercados globales. Hasta el momento, el Gobierno ha eludido colocar bonos en Wall Street debido a las altas tasas de interés. Ahora, este recorte reabre el debate sobre la posibilidad de proceder con una refinanciación de futuros vencimientos.

Javier Milei y Luis Caputo están interesados en emitir deuda en el exterior a tasas que consideren sostenibles. Para lograrlo, necesitan que el riesgo país continúe bajando. La meta es acercarse a los 400 puntos básicos, un nivel que permitiría al Tesoro obtener financiamiento en el exterior a tasas más competitivas.

Por ahora, con el indicador por debajo de 450 puntos, todo parece indicar que están avanzando en esa dirección. Sin embargo, tanto analistas como el mercado están atentos a los retos que se avecinan, ya que la incertidumbre política de las elecciones de 2027 podría generar tensiones en cualquier momento.

Inversiones: recomendaciones tras la mejora de S&P

Marcos Montero, Sales Trader de Balanz, menciona que este upgrade tiene implicancias que van más allá de un simple movimiento de precios. “Argentina ahora tiene dos calificaciones B- de las tres principales agencias. Esto permite que grandes fondos institucionales, que antes tenían restricciones para invertir en activos argentinos, comiencen a hacerlo, ampliando así la demanda de los bonos soberanos”, explica.

El especialista señala que esta mejora se sustenta en “un equilibrio fiscal sostenido, la capacidad del Gobierno para refinanciar vencimientos, y la acumulación de más de 10.200 millones de dólares en compras netas por parte del Banco Central durante 2026”.

En este contexto, Montero cree que aún hay espacio para que los bonos a largo plazo sigan creciendo. “Esperamos un ajuste especialmente marcado en la parte larga de la curva. Nuestra recomendación principal sigue siendo el GD41, que es el bono con mayor descuento relativo y que ofrece el mayor potencial de apreciación si Argentina alcanza estándares de calificación B-”, afirma.

Por su parte, Pablo Lazzati, CEO de Insider Finance, destaca que los inversores continúan enfocados en la renta fija en dólares. “Los perfiles conservadores priorizan bonos a corto plazo, como los Bopreales que vencen antes de 2027, ofreciendo rendimientos cercanos al 5% anual en dólares. Los inversores moderados se están posicionando en AL30 y AL35, mientras que los más arriesgados encuentran oportunidades en bonos largos como AL41 y GD46, que podrían beneficiarse de una mayor compresión del riesgo país”, menciona.

En cuanto a la renta variable, el mercado sigue concentrándose en el sector financiero. “Las acciones que generan más interés son Grupo Financiero Galicia, Banco Macro y BYMA. En utilities, Edenor y Ecogas siguen destacándose”, agrega.

La mejora en la calificación crediticia también llega en un momento en el que la inflación está desacelerándose. En mayo, el IPC nacional se situó en 2,1% y la inflación núcleo bajó del 2% por primera vez en el actual programa económico.

Austin Maquieyra, gerente comercial de Sailing Inversiones, considera que este escenario favorece las estrategias en pesos. “Con una inflación cercana al 2,1% y un dólar relativamente estable, seguimos viendo oportunidades en estrategias de carry trade, aunque con un enfoque más selectivo”, aclara.

El ejecutivo resalta la importancia de los bonos CER de la parte media de la curva. “Permiten capturar una tasa real positiva y mantener una cobertura frente a posibles aumentos inflacionarios. Dentro de esa estrategia, destacamos el TZXS8, que rinde alrededor de CER +7% TEA”, dice.

Sin embargo, advierte que la principal amenaza sigue siendo el frente cambiario. “Mientras el dólar esté contenido y la inflación continúe descendiendo, la parte media de CER ofrece una combinación atractiva entre rendimiento y cobertura. El mayor riesgo a futuro será un salto en el tipo de cambio o un cambio en las expectativas de devaluación”, concluye.

Montero también identifica oportunidades tácticas en la curva de bonos vinculados al dólar. Según explica, la intervención del Banco Central como oferente de cobertura cambiaria ha creado distorsiones de precios que permiten capturar rendimientos superiores a los del mercado mediante estrategias de arbitraje. En particular, destaca el bono dólar linked TZV26, cuyo diferencial de valuación respecto de los contratos de dólar futuro facilita construir posiciones sintéticas con retornos cercanos al 25% anual y cobertura cambiaria incluida.

La mejora en la calificación crediticia también fue respaldada por un dato macro clave. La inflación de mayo se ubicó en 2,1%, mientras que la inflación núcleo desaceleró a 1,9%, su menor nivel desde septiembre. La desinflación fue liderada por el componente núcleo, que bajó desde 2,3% en abril, destaca Florencia Blanc, economista senior de Aldazabal.

De cara a los próximos meses, la especialista apunta que los indicadores de alta frecuencia sugieren una inflación entre 1,9% y 2,2% en junio, y aclara que “el proceso de desinflación continuará, aunque de manera no lineal”, en línea con las expectativas actuales del mercado.

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